En España en el año 2007 fallecieron en accidentes de tráfico 2.700 personas. Y se suicidaron 3.200.
Pero del suicidio no se habla. No se dedica presupuesto a prevenirlo o a detectarlo. No se comenta que un/a familiar se ha quitado la vida.
En general, a las enfermedades y trastornos mentales no se les dedica la atención ni social ni informativa que merecen por sus consecuencias. Ni se educa en salud mental, ni se intenta prevenir, ni se habla de ello. Informativamente, no existen más que en casos aislados. Pero no es cierto.
Por lo común, los trastornos psicológicos se suelen considerar algo privado, que tiene que solucionar uno/a mismo/a en la soledad de su hogar. Está permitido socialmente decir mientras tomas el té con amigos/as o conocidos/as que tienes gripe, reuma, gastroenteritis o asma, pero no digas que tienes depresión, trastorno bipolar o trastorno obsesivo compulsivo, porque la gente pensará que las alteraciones psicológicas, si las tienes, es porque quieres, porque eres débil o porque te falta un tornillo, y hasta es posible que ya no te inviten más a tomar café.
Las enfermedades psicológicas pueden tener una causa tan corporal como la gripe, pues pueden estar causadas o influídas por alteraciones químicas, genéticas o endocrinas. O pueden ser una reacción a un golpe de la vida, o también pueden darse porque simplemente no conocemos o no sabemos usar alguna estrategia de manejo de emociones y pensamientos que nos ayudaría a superar algo que nos causa malestar a nosotros/as o a los/as demás, y que nos puede llevar a querer acabar con nuestra vida. Y la gran mayoría de trastornos del alma que nos afectan son pasajeros, y son susceptibles de desaparecer por completo o de mejorar casi hasta la curación en el caso de que sean crónicos. Pero hay que querer sanar. Y la sociedad debe querer y buscar que sanen.
Sea como sea, deberemos en el futuro ir rompiendo tabús, y dándonos cuenta de que hay mucha gente a nuestro lado que sufre, que sufre mucho y en silencio, y que quizás necesite nuestra ayuda, o la de un/a profesional para superar un mal bache o un hábito de pensamiento, conducta o sentimiento que les tortura y no les deja vivir. Quizá solo necesitan sentirse más comprendidos/as y apoyados/as por el mundo, y ver que pedir ayuda psicológica es algo sano y bien visto, igual que ir al dermatólogo.
Seguramente una persona con un problema psicológico se sentirá reconfortada cuando, tomando un café con amigos, cuente que tienen trastorno obsesivo compulsivo, y uno de ellos le recomiende a una psicóloga muy buena, la misma que ayudó a su hermana a superar la depresión al morir su hijo, y le ayudó a él a superar la ansiedad que pasó cuando tuvo que cambiar de trabajo y de ciudad. Luego quizás bromeen con lo de su trastorno compulsivo, y él mismo hará alguna gracia con su manía irrefrenable de pisar las baldosas solamente de dos en dos para andar por la calle, porque si no algo malo le ocurrirá, lo que le causa un sufrimiento constante, cada minuto del día (es un ejemplo de trastorno obsesivo compulsivo). Más tarde, cuando vuelva a casa, llamará a la psicóloga y concertará una cita, lo que probablemente sea el principio de una mejora en su salud mental. A lo mejor dentro de un año, es él, ya sin su TOC, quien le recomienda a una amiga, en el mismo bar, pedir ayuda para superar su obsesión enfermiza con adelgazar, porque esas cosas se curan si uno quiere y busca ayuda. Y le contará, riéndose, que él mismo, hace un año, sentía un deseo irrefrenable por pisar de dos en dos las baldosas...
Así, algo tan sencillo y tan etéreo como el apoyo social, puede ayudar a las personas a no sentirse bichos raros ni leprosos sociales solo por padecer algún trastorno psicológico pasajero. Y eso ya es mejorar mucho las cosas. Y hay que ponerse a ello cuento antes.
Porque según las estadísticas, hay más probabilidades de morir por suicidio en España, que en accidente de tráfico. Y eso es mucho decir.





