martes, 16 de septiembre de 2008

Deje que mi marido me pegue


Un hombre maltrata, física o psicológicamente, a su pareja en un lugar público. Alguien le increpa, y, ante la sorpresa del/la defensor/a, la víctima comienza a defender apasionadamente, a veces con agresividad, a su pareja. El/la defensor/a no puede disimular su asombro y cesa en su empeño de proteger a la víctima.

He visto varias veces estos días, especialmente a raíz del caso Neira y de las declaraciones de la mujer a la cual defendió (justificando a su pareja hasta lo irracional), la reacción, lógicamente indignada, de las personas que no pueden soportar ver esa violencia y, además, se encuentran con la complicidad de la víctima con el agresor cuando intentan defenderla. No todas las mujeres actúan así, desde luego, pero los casos en que ocurre son muy llamativos y asombran por su falta de lógica.

Algunas personas acaban pensando que esas mujeres son masoquistas, que les gusta que las maltraten, o que les está bien empleado.
Pensar ésto es muy fácil, y explicaría por qué mantienen esa situación insostenible, y por qué defienden a quien las humilla y daña hasta lo impensable. Pero es más complicado que éso. Estas mujeres maltratadas son enfermas, psicológicamente hablando, y enfermas graves.

Son víctimas de un complejo e insidioso proceso mental, que las lleva a justificar su situación de cualquier manera, pues son incapaces de romper con ella.
Se le llama Síndrome de la Mujer Maltratada, y lo han descrito Walker y Dutton, definiéndolo como una adaptación a la situación aversiva caracterizada por el aumento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas (es decir, modos equivocados de pensamiento), como la minimización del maltrato, negación o disociación; llegan a cambiar la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo, creándose una especie de mundo paralelo en el que es normal y aceptable que su pareja las maltrate. Actúan de forma parecida a la de un psicótico, negando o deformando la realidad por completo, hasta invertirla totalmente, fijaos si están enfermas...
También pueden desarrollar los síntomas del trastorno de estrés postraumático, sentimientos depresivos, de rabia, baja autoestima, culpa y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales, conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.

Dejando la terminología algo más complicada, lo que hacen estas mujeres es asumir una relación asimétrica de poder con sus parejas (al más puro estilo amo - esclava, propietario-propiedad), y la asumen plena e irracionalmente.

Les ocurre porque no pueden cambiar la conducta de la pareja, y tampoco son capaces de vivir sin esa relación (por dependencia, por testarudez, por creer que el amor lo justifica todo...), así que es como si a la mente ya solo le quedase una salida: distorsionar la realidad para que la mujer pueda entenderla y justificarla,y pueda vivir en esa situación inhumana sin plantearse que está equivocada.

Es un proceso largo y oculto. Primero el maltratador aniquila su autoestima y su vida social, después se instala la nueva visión de la relación en su mente, y enraíza de tal forma en ellas, que cualquier ataque o crítica exterior a esa dinámica en la que ambos se hallan inmersos es recibida como una terrible ofensa, y reaccionan brutalmente contra el/la intruso/a (El cerebro dice: Este hombre es mi dueño, y yo su posesión, no se meta en ésto, ¿quién se ha creído que es este tío/a para decirle a mi marido cómo tratarme? Él es mi amo.)
Ésto es nefasto, pues está otorgando al agresor derecho y justificación a sus actos, de forma que la dinámica entre ellos agresor-agredida se fortalece cada vez más.

Es, como veis, un proceso muy complicado y difícil, y estas mujeres necesitan una terapia muy larga y profunda para curarse. Pero no son unas locas, ni unas masoquistas. Solo son víctimas, además de sus parejas, de un proceso mental insano y muy dañino, y necesitan mucha ayuda, a todos los niveles, empezando por la ayuda psicológica, y por la comprensión y compasión de toda la sociedad de su situación.

4 comentarios:

Montse dijo...

Como mujer maltratada, estoy en parte de acuerdo con tu comentario pero en el caso de Violeta Santander hay algo que falla.

Cuando te maltratan no quieres hacerlo público, te escondes, lo perdonas todo, incluso eres capaz, si le has puesto una denuncia, ir a retirarla.

Pero otra cosa muy distinta es ponerte monísima de la muerte y salir en primera plana de varios medios de comunicación, incluso cobrando a través de un hermano que te hace de "manager".

Cuando te maltratan te sientes tan mal que lo que menos te apetece es salir en público a exponerte.

Cuesta mucho tiempo no salir a la calle a comprar el pan o ir a tu trabajo con la cabeza levantada, mucho menos hacer de tu "problema" una forma de alcanzar la fama.

Esa parte no me cuadra ni a mí ni a mi psiquiatra, ni a mi psicólogo. Personas que me tratan desde hace muchos años y que detestan el flaco favor que nos está haciendo esta....... mejor ni me molesto en calificarla.

Un saludo

Marta dijo...

Estoy de acuerdo en lo que dices, pero cada caso es único, hay muchos matices en cada relación.

He visto parte de la entrevista, y es cierto que esta mujer hace gala de una soberbia que no es habitual en mujeres maltratadas, que suelen tener la autoestima muy dañada.
Pero no puedo opinar sobre ella, porque desconozco su caso, aunque me da la impresión de que esta mujer no comparte algunas de las características destacables de la "típica" mujer maltratada.

Quizás sea una relación en la que hay maltrato por las dos partes, o a lo mejor esta mujer hace una proyección, y traspasa toda la agresividad y soberbia que no se atreve a mostrar con su pareja al resto del mundo, mientras que con él es una mujer absolutamente dócil y servil. No lo sé,habría que ver el caso particular.

Lo que me gustaría hacer llegar a la gente, es que estas mujeres necesitan ayuda, no son conscientes de que distorsionan la realidad, y lo que en ningún caso podemos hacer es culparlas a ellas, porque el culpable sigue siendo el agresor, no lo olvidemos, aunque algunas de ellas tengan parte de implicación,por asumir y mantener una situación tan crítica durante mucho tiempo.

Desde luego, estas mujeres dan una imagen de la mujer maltratada nefasta, y hacen mucho daño, porque es posible que, "gracias" a su ejemplo, haya personas que no denuncien a agresores ni socorran a mujeres maltratadas, porque crean que TODAS las maltratadas consienten y defienden ese tipo de trato. No caigamos en pensar eso.

La mayoría de las mujeres maltratadas no actúan así, casi todas están deseando salir de eso y aceptan y agradecen la ayuda. Yo he trabajado con mujeres víctimas de maltrato, y ninguna de ellas justificaba a su agresor, ni padecía distorsiones cognitivas graves, solamente buscaban ayuda para salir de la situación en que se encontraban ,aunque es cierto que algunas habían soportado la situación durante años.

No debemos darles la espalda y dejarlas a su suerte, volviendo a relegar el maltrato al ámbito doméstico,hay que entender por qué actúan así, y tratar de prestarles ayuda cuando estén dispuestas a recibirla.


Un saludo, y mucha fuerza. Que vaya todo bien.

Montse dijo...

Que razón tienes Marta!!!! Lo que habría dado yo por tener cerca en algún que otro momento, al Sr. Neira!!!

Efraím Díaz dijo...

YO no tengo ni idea de maltrato, por lo tanto como es un tema muy espinoso no voy a dar mi inculta opinión, solo quería decir que creo que es bueno que empecemos a ser conscientes de que existe y de que se puede erradicar. Es un primer paso.

También creo que se está haciendo bién en educar en igualdad, debemos hacer aún más incapié en las jovenes generaciones ya que así nos garantizamos que en un periodo corto de tiempo el problema se acabe o disminuya a cifras casi nulas.

Lo que si que me parece es que a veces las víctimas se deben de sentir un poco solas y débiles..., no puedo ni imaginar lo que debe ser eso pero creo que en muchos casos, tod@s debemos de poner a nuestra pareja en su lugar y no dejarnos avasallar en ningun momento.

Un saludo.