jueves, 23 de octubre de 2008

LA BELLA OTERO



El día 4 de noviembre de 1868, nacía en Ponte de Valga, Pontevedra, uno de los mayores mitos que iba a conocer la Belle Époque.

Su nombre completo era Agustina Carolina Otero Iglesias. Era una muchacha de carácter alegre, a pesar de haber vivido una infancia plagada de necesidades.
Se enamoró a los catorce años de un joven llamado Paco, con quien se fugó una noche para ir a bailar a un local nocturno. El dueño de aquella sala quedó fascinado por el modo de danzar de la joven Carolina, hasta el punto de ofrecerle un contrato y pagarle dos pesetas (una gran cantidad de dinero por aquel entonces).
La pareja, alentada por este éxito incipiente, decidió aprovechar la oportunidad para huir a Lisboa en busca de mayor fortuna, y allí la Otero trabajó como bailarina durante un tiempo. Sufrió entonces su primer desengaño amoroso al ser abandonada por Paco, a quien persiguió hasta la ciudad de Barcelona sin lograr el éxito en su amor.


Pero su suerte cambiaría en esta ciudad, pues en 1888 conoció en Barcelona a un rico banquero que la quiso ayudar como bailarina y la llevó a Marsella.
Conseguida cierta fama, abandonó al banquero y llegó a ser una bailarina muy conocida en Francia como La Bella Otero.
Carolina Otero llegó un tiempo después al fascinante París de finales de siglo, con la ilusión de estudiar baile y de dar sus primeros espectáculos.

Su belleza y su buen hacer la convirtieron rápidamente en un personaje consagrado en la que por aquel entonces era la capital cultural de occidente, y sus famosas actuaciones en el Folies-Bergère le procuraron toda una legión de fervientes admiradores, fascinados por su aspecto de mujer gitana, a pesar de ser gallega (circunstancia que, por otra parte, se encargó de ocultar durante toda su vida. Decía tener un origen mucho más exótico y, claro, más comercial).


La Bella Otero no era bailarina profesional ni mucho menos y su arte era poco técnico pero muy auténtico y sensual. Mezclaba en sus coreografias distintos estilos: danzas exóticas, baile oriental, flamenco, etc. Sus bailes orientales debían de ser especialmente apreciados, porque en esa época todo lo oriental estaba de moda en Europa. Imaginaos observarla bailar esas danzas orientales en una sociedad de finales del XIX, en cualquier local parisino...


También era cantante y actriz. Actuó como Carmen de Bizet y en piezas teatrales como Nuit de Nöel. La Bella Otero había conseguido ascender como artista gracias a que ejercía la prostitución y fue amante de los hombres más destacados de su época. Era habitual que las artistas de esos años actuaran de "cortesanas" para complementar sus ingresos.
En la Belle Époque los hombres acaudalados solían pagar muy bien estas cortesanas a cambio de apoyo y prestigio.
Así, la Bella Otero fue amante de hombres muy poderosos como los reyes Leopoldo II de Bélgica, Alfonso XIII de España, Eduardo VII de Inglaterra, el Zar de Rusia.. y adinerados millonarios y politicos como Aristide Briand o Cornelius Vanderbilt. Se dice que llegó a conocer también a Rasputín.


Se convirtió, poco a poco, en todo un mito de "La Belle Époque" parisina, triunfando tanto en los escenarios del teatro como en los del amor, y fue dueña de una gran fortuna que gastaba en el Casino de Montecarlo y en joyas espectaculares (fueron suyos el collar de la ex emperatriz Eugenia, otro de la emperatriz de Austria y un collar de diamantes que había sido propiedad de María Antonieta). Se calcula que por aquel entonces su fortuna ascendía a unos dieciséis millones de dólares, lo que suponía en aquel tiempo una cifra increíble.

La pasión que los hombres sintieron por ella fue irresistible. Algunos se suicidaron por su amor, o gastaron verdaderas fortunas en conseguirlo.
Toda una generación de poetas, pintores y políticos se rindió, peleó y arruinó ante su belleza y poder de seducción. Toulouse-Lautrec le dedicó una obra a pastel conservada en el Museo de Albi, y el gran poeta José Martí, que la conoció en Nueva York, le dedicó también algunos versos.


Su vida transcurrió también en países como Argentina, Uruguay, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra, Hungría, Austria, Rusia y Japón, en todos los cuales fue aclamada como una mujer verdaderamente excepcional. Pero a los 45 años, cuando se encontraba en pleno auge artístico, se retiró profesionalmente para vivir con tranquilidad en Niza.
En esta etapa empezó a serle reconocido su talento como actriz y, a pesar de ser solicitada en varias ocasiones por la mismísima Ópera Cómica de París, se negó sistemáticamente a volver al teatro.

Abandonado ya para siempre el mundo del espectáculo, dicen que volvió sus ojos de nuevo hacia su Galicia natal, a la que sin embargo nunca quiso regresar, y por la que sintió "morriña" el resto de su vida.
La Bella Otero falleció tranquilamente en Niza, dónde fue también enterrada, el 12 de abril de 1965, cuando contaba 96 años de edad. Nunca se casó, ni tuvo descendencia. A pesar de las fortunas que pasaron por sus manos en vida, en el momento de su muerte sólo tenía 609 francos, que donó a las familias más necesitadas de su Valga natal.


Con ella moría el último gran mito vivo de la fascinante Belle Époque europea.

5 comentarios:

Efraím Díaz dijo...

hola ya tengo portatil propio estoy gorroneando un wifi jejeje.

Vimos durante dos martes seguido en la TVG una pelicula sobre su vida, y la verdad que nos ha enganchado a los dos.

Me llamó la atención que el puterio de la época sigua presente en la actualidad, poco hemos evolucionado.

UN personaje fascinante la verdad. Un beso a tod@s.

Marta dijo...

Es cierto, es una serie basada en una novela creo que de Carmen Posadas.

Hay que decir que también hay mujeres de esa época que destacaron por otro tipo de hazañas, no tan estereotipadas como las de Carolina (la clásica "fémme fatal" que triunfa en parte gracias a atraer hombres). A pesar de eso, la Bella Otero es un personaje que me encanta y al que le reconozco méritos.

Ya escribiré algo sobre alguna de estas otras mujeres influyentes del XIX, seguro que os sorprende lo que llegaron a conseguir algunas en su época.

Un saludo, y enhorabuena, Efra.

Mabel dijo...

Me encanta la foto y la gracia que refleja del personaje al que representa!!!Seguro que esa gracia es la que ha conquistado a tod@s los que nombras en tu artículo.Señalo lo de la gracia por que para mí es una de esas cualidades que me parecen casi sobrenaturales, que se tiene, cuando se tiene y es como un Don...un donaire...un guiño...un no se que, que me encanta!!y no se bien porque!!!Besos de viernes, pá tós!!!

Farrapos de Gaita dijo...

Yo creo que todavía está pendiente de hacer una gran novela y una gran película sobre la historia de la Bella Otero, que no tiene desperdicio, porque efectivamente es un personaje fascinante. Nos leemos!

Marta dijo...

La verdad es que estoy de acuerdo.

No he leído ningún libro sobre su vida, pero la serie está bien, aunque sí es cierto que no acaba de captar toda la fascinación que suscitaba el personaje, ni tampoco refleja del todo el ambiente que se debía de respirar en torno a esta artista. Eso es algo que hay que trabajar mucho en una obra para transmitir la verdadera historia de un personaje como esta mujer.


Un saludo!