martes, 11 de noviembre de 2008

La igualdad también es cosa de hombres

Todavía no acabo de entender por qué cuando se habla de igualdad, incluso desde la administración, se está hablando solo de mujeres.
Se está obviando en ocasiones a los hombres por completo, y ellos son los primeros en hacerlo. La igualdad es para todos y todas; no sólo la mujer adquiere nuevos compromisos sociales, también el hombre tiene que hacerlo.


Si la mujer se incorpora plenamente al mundo laboral, el hombre debe incorporarse plenamente al mundo doméstico. De lo contrario, no creo que podamos hablar de igualdad, si no de una sobrecarga de trabajo para las mujeres que acepten estos nuevos compromisos, pero no exijan compartir las tareas con su pareja.

Esto viene a cuento por un plan de la Xunta que he estado leyendo por motivos de trabajo. Cuando se habla de conciliación, se habla de mujeres. Casi siempre. Son ellas las que tienen que conciliar. No se habla de medidas para que el hombre pueda reducir su jornada, o pedir excedencias para cuidar hijos/as. Se sobreentiende que eso es cosa de mujeres (desde la administración, insisto) y es a ellas a quienes se dirigen estas medidas.

A ver, la verdadera igualdad sería que cualquiera pudiera hacer lo que quiera independientemente de su sexo, al margen de los roles sociales. Y que no haya clasificaciones en función del sexo. Y que se compartan tareas y responsabilidades en las parejas.
La verdadera igualdad será que los hombres que no quieran trabajar por dedicarse a cuidar de su familia, puedan hacerlo sin que se rían de ellos o los vean como un marciano, excluyéndolo socialmente en cierta manera, tanto los hombres como las mujeres. También hablaremos de verdadera igualdad cuando un hombre pueda denunciar a su pareja por malos tratos físicos sin que se rían de él los propios policías (verídico, no es leyenda) y se tenga que ir de la comisaría sin que le tramiten la denuncia. Por ejemplo.

Las mujeres no han dejado de luchar por sus derechos durante décadas, pero los hombres se están manteniendo en gran medida al margen, sin reivindicar la ruptura de los mismos roles y estereotipos que las mujeres piden que se eliminen, sin conquistar nuevos espacios para ellos.
No digo que todos los hombres tengan que dejar el trabajo para cuidar de sus hijos/as, ni que tengan que aprender costura y cocina para que haya igualdad. Digo que tienen que tener derecho a elegir, igual que las mujeres.


Que deben tener el valor de romper barreras y estereotipos, y empezar a hacer lo que quieran: los que quieran aprender encaje de bolillos, que aprendan, y lo mismo quienes quieran hacer ballet, cuidar a sus familiares ancianos/as, pedir una excedencia laboral para cuidar a un hijo/a enfermo/a, ir a las reuniones con los profesores/as, ir a clases de gimnasia, aprender a planchar la ropa, ver una película romántica, a bordar, reunirse para cultivar su lado emocional reprimido por la educación (como ya hacen algunos colectivos de hombres, ver www.ahig.org )… que deben hacer lo que quieran, sin que se les mire mal por ello. No tienen por qué decir una grosería si ven pasar a una chica guapa y están con otros hombres, no tienen por qué ir a 160 po una carretera de 80, no tienen por qué aguantar las lágrimas si les apetece llorar... Tienen que ser como son, como les apetece, no cómo se les dice que tiene que ser un hombre.

A las primeras mujeres que conducían un coche, fumaban, trabajaban en un taller o vestían pantalones, se les criticó mucho, se les miró mal. Pero ellas siguieron haciendo lo que querían al margen de los roles vigentes en su época. Hoy, pueden hacer todo eso que antes estaba mal visto sin ningún impedimento.


Creo que los hombres deberían también movilizarse para empezar a conquistar terrenos que hoy en día les son extraños y en los que algunos de ellos quisieran entrar pero no lo hacen por esa presión social casi invisible pero tan poderosa. Es muy bonito ver, igualmente, a hombres luchando por los derechos de las mujeres, y a mujeres defendiendo el derecho de los hombres a conquistar nuevos terrenos.

Yo no creo en las guerras de sexos. Creo que hay muchísimas más semejanzas que diferencias entre hombres y mujeres, y casi todas las diferencias se establecen por la educación que se nos da. A mí me gusta ver cómo sobre todo los jóvenes, van rompiendo esos estereotipos y cruzando la línea que separa las "cosas de mujeres" y las "cosas de hombres". El otro día, por ejemplo, vino un chico a las clases de danza oriental, y me alegro mucho de que cada vez existan menos "reductos" solo para hombres o solo para mujeres. Para mí es algo muy destacable y muy positivo.
Eso sí que es igualdad.

1 comentario:

Marta dijo...

Me ha gustado un artículo de opinión de La Voz, publicado hoy por el periodista Ventura Pérez Mariño, relacionado con ésto.
Una parte de él es la siguiente:

"¿Dónde están los hombres? ¿Cuándo se organizará por sus congéneres un cerco social a los maltratadores? Los hombres no aparecemos en el escenario del drama; no es cosa nuestra. ¿Qué culpa tenemos de haber dominado? ¿Qué culpa tenemos de que algún atrasado no se haya dado cuenta del cambio?
Pues no. Los hombres, salvo que queramos ser cómplices por pasividad, tenemos mucho que decir y mucho que hacer. Tenemos que, públicamente, erradicar el machismo como argumento de valor. Tenemos que, públicamente, respetar la dignidad excluyendo la compra del cuerpo y sexualidad femeninos. Tenemos que aislar a los pregoneros de la estulticia de género inferior. Tenemos que aislar socialmente a los maltratadores. Tenemos que gritar por cada una de aquellas cuya voz no es audible; por las asesinadas. Tenemos, en definitiva, que hacer el problema también nuestro. Ser los hombres, los Pepes, los Manolos y los Jonathan, hoy también las Pilis, Cármenes y Jennifer maltratadas. Y no porque tengamos culpa de nada, sino porque queremos ser dignos y, además, egoístamente, porque eso es lo que querríamos que ocurriera si mañana un Ku Klux Klan nos amenazase."