lunes, 17 de noviembre de 2008

Periodistas do século XXI.

A raíz dun artigo, que porei ao final, dun profesor da Facultade de Filoloxía da USC que ten unha columna na Voz de Galicia, non puiden evitar escribir sobre algo que se pode observar dende hai algúns anos: as graves carencias de uso do vocabulario por parte dos periodistas nos últimos tempos. Remitíndome aos exemplos do artigo, un periodista escribiu que os parentes africanos de Barack Obama, con motivo da súa victoria, "expiaron unha vaca". Creo que a maioría da xente oíu algunha vez a expresión "expiar unha culpa" e sabe que significa reparar unha falta cara ás divindades (este é o seu significado en culturas como a grega ou a romana), ou cara outra persoa. Pois ben, sendo isto así, a única maneira de entender esa expresión "expiaron unha vaca" é que o periodista quixo dicir que os familiares do novo presidente dos EE.UU. fixeron unha expiación porque lle fixeron unha ofensa á vaca en cuestión. En fin, agora poño o artigo, porque o estilo co que o expón o autor é certamente notable. A columna que escribe na Voz de Galicia titúlase El Oráculo de Delfos, e o profesor é Juan José Moralejo Álvarez. Espero que vos guste:

"Mi muy desinformada desinformante: tu crónica me pone catatónico con la virguería de que los parientes kenianos de Obama le celebraron su éxito con la «expiación de una vaca»: tan cachondísima novedad me reasienta en mi montaña de certezas de que la enseñanza primaria y media española cojea a tope en dar información y competencia lingüísticas y la superior remedia muy poco los déficits, que duelen más en quienes sois profesionales de la palabra y de la comunicación.

Desde hace milenios, y en los cinco continentes, los hombres que se sienten culpables de algo ante sus dioses para expiar su culpa, purificarse de ella, sacrifican un animal bien escogido, el mejor del rebaño, porque los dioses no comen, pero los sacerdotes sí y son los que tarifan culpas y penitencias. Y de ahí te viene, señora o señorita periodista, lo del sacrificio expiatorio, pues sacrificar es, en origen, la ceremonia o rito con el cual «haces sagrado», reservas para culto a la divinidad un bien tuyo, un bien que, te insisto, dicen los dioses a través de sus portavoces, los sacerdotes, que mejor que sea una vaca que una lechuga porque, si te sientes con una culpa grave, el sacrificio de una lechuga no te la expía, pero de una oveja para arriba ya podemos hablar de que la divinidad se te ablande y no te fulmine. Los indoeuropeos te eran muy sacrificones y un día sí y otro también les daban mulé conjuntamente a una oveja, un cerdo y un toro, ¡tripla!, dirían en la TVG. Y de la Biblia y otros ámbitos nos viene lo del chivo expiatorio, que no tenía culpa de nada, pero cargaba con las de todos.

Y también te hay sacrificios no expiatorios, sino, por ejemplo, impetratorios a los dioses para que den, hagan o dejen de hacer tal o cual cosa, o sacrificios de acción de gracias porque la dieron, la hicieron o dejaron de hacerla. Pero, señora o señorita desinformante, a ti y a tu «expiación de una vaca» os quedaban en la oreja muy vagos ecos de las campanadas de un campanario que no sabes hacia dónde cae o caía, y te metiste en las once varas de que una vaca se puede expiar, cosa que en rigor y por derecho es identificar la vaca con la culpa, por ejemplo, porque los primos de Barack habían robado la vaca, pero la devuelven o la pagan para celebrar el éxito familiar. Otra interpretación de la «expiación de una vaca» sería que la vaca resultase ser la culpable del éxito de Obama y que los parientes kenianos tuviesen la extrañísima y desagradecida reacción de sacrificarla en lugar de cuidarla para las elecciones del 2012 y luego hacer como el otro, meterla en formol y forrarse colocándosela a un pardillo en dos millones de euros.

Bueno, que no hubo ni podría haber tal expiación de la pobre e inocente vaca; lo que queda por aclarar es si mataron -matar a secas- una vaca para fiesta mayúscula por el superéxito familiar o si sacrificaron una vaca, es decir, la mataron, para agradecer a sus dioses la gracia presidencial y, of course! , tirarle un viaje a los filetes".


3 comentarios:

Marta dijo...

É algo que fai tempo veño observando tamén, Sergio.

Os/as xornalistas deberan ser un exemplo de coidado e bo uso da linguaxe e da transmisión clara da información, pero a algúns/as parece que lles costa.Sóalles unha palabra de algo, e colócana no artigo sen máis, ainda que non estean certoas/as do seu significado.
Co pouquiño que costa levantarse e mirar un diccionario para comprobalo. Ou internet, se non te queres levantar. Eu fágoo cando teño dúbidas, e non vivo nin é a miña profesión o uso da palabra.

Agardo que a profesora ou profesor de Lingua Española da facultade desta xornalista non lera o artigo, porque traballan moito este tipo de confusións nas clases, e é un dos clásicos erros que poñen coma exemplo do que non se debe facer.

Efraím Díaz dijo...

Si que me parece grave que una persona falle en una palabra, pero bueno fallos los tenemos todos, o no?, incluso J. Jose Moralejo tendrá algunos. Cuando tu trabajo diario son las palabras fallarr en una no creo que sea tan grave, es como fallar una nota tocando----
Muchisimo más grave para mi es lo que suelen hacer los medios con ciertas informaciones trastocandolas y perdiendo veracidad hast límites insospechados.

Un saludo.

Sergio Prieto dijo...

Tamén tés razón, fallos témolos tod@s, pero tamén é certo que moitas veces escribimos cousas sen pararnos a mirar se están ben ou non, por misterioso que pareza que decidamos arriscarnos a poñer algo mal, pero iso pode ser cousa da sociedade tan acelerada que non ten tempo para pararse a pensar. Así nos vai. Moitos saúdos.