jueves, 4 de diciembre de 2008

Un galego histórico: Prisciliano

Prisciliano comienza a difundir sus ideas alrededor del año 375.

Él es un seglar de clase alta, originario de algún lugar de la provincia romana de Gallaecia. Prisciliano promueve una espiritualidad profunda, introspectiva, cercana al esoterismo y a los poderes del cosmos. Las teorías de Prisciliano heredan gran parte de las ideas heréticas de los maniqueos, en contra de preceptos fundamentales de la iglesia cristiana.

Los seguidores de Prisciliano no impiden (como obligaba el cristianismo de la época) a las mujeres leer la Bilbia en casa de hombres con los que no tienen parentesco, ayunan los domingos, se retiran a las montañas, usan el zodíaco como referencia, y andan descalzos.
Ir descalzos demuestra una afinidad con muchos rituales paganos, sobre todo agrícolas. Además de instar a la Iglesia a abandonar la opulencia y las riquezas para volver a unirse con los pobres, el priscilianismo como hecho destacado en el terreno social condenaba la institución de la esclavitud y concedía una gran libertad e importancia a la mujer, abriendo las puertas de los templos a las féminas como participantes activas. Así la primera de la que se conservan textos escritos en latín es Egeria, monja galaica priscilianista que vivió en torno al 381.

El priscilianismo recomendó la abstinencia de alcohol y el celibato, como un capítulo más del ascetismo, pero no prohibió el matrimonio de monjes ni clérigos, utilizó el baile como parte de la liturgia y se negó a condenar algunos apócrifos y seudoepigráficos prohibidos como el Libro de Henoc, que interpretaba en forma alegórica.


Resulta que en el año 381 queda vacante la sede obispal de Ávila, y dos obispos afines a Prisciliano lo consagran como obispo. Esto es algo intolerable para la iglesia, por lo que se decide enviar una protesta al obispo de Roma, que en aquel momento es Dámaso, hispano.

Prisciliano opta por ir a Roma a defenderse. Pero Dámaso ni siquiera recibe a Prisciliano, por lo que éste se traslada a la corte imperial de Graciano en Milán.

Más tarde se convoca un concilio de obispos en Burdigala para juzgar a Prisciliano. Pero éste rechaza acudir y solicita que su caso sea tratado en un tribunal secular en Tréveris, la nueva sede imperial de Máximo. Su petición es aceptada, ya que en cierto modo resultaba muy incómodo para la iglesia que Prisciliano asistiese al concilio de Burdigala, porque eso sería una forma de confirmarlo como obispo de Ávila. En Tréveris Prisciliano y los suyos son finalmente juzgados, condenados por "maleficium" y ejecutados.

La ejecución de Prisciliano fue en realidad un error, porque más que mitigar su influencia, la engrandeció. Más de cien años después de su muerte, sus teorías seguían vigentes en la Gallaecia sueva, tal vez como una forma de distinción frente al reino visigodo.


En realidad Prisciliano tuvo mala suerte, ya que su batalla se libró en medio de dos guerras de mucha mayor trascendencia. La primera, la lucha encarnizada de la iglesia cristiana por lograr la hegemonía religiosa sin fisuras en un imperio romano en plena descomposición, y la segunda, la lucha por el poder entre los distintos gobernantes del imperio. Si la iglesia cristiana hubiera estado más segura de sí misma, y si Máximo no hubiera usado un asunto religioso como arma política, el destino de Prisciliano hubiera sido diferente, fueran cuales fueran sus teorías.

Cabe preguntarse si la "invención" de la tumba de Santiago en los confines del "campus estellae" terrenal se debió a una necesidad de cristianizar el ritual herético de visitar la tumba del obispo de Ávila, nuestro compadre Prisciliano. Según algunos estudiosos, la tumba de Santiago es en realidad la del predicador gallego y sus seguidores ejecutados, y la Iglesia habría impuesto la creencia de que allí yacía Santiago, para eliminar el culto y las peregrinaciones a un hereje.

Puestos a creer, cada uno que crea lo que prefiera.

2 comentarios:

Efraím Díaz dijo...

Que corriente religiosa esa de Prisciliano, parece, viendo varios pasajes de la historia de la religión católica, que las corrientes religiosas que han sobrevivido son las más mafiosas y las que en su día supieron aniquilar a las otras...

Marta dijo...

Exacto, bien dicho.
La corriente que ha sobrevivido, la actual corriente católica, es la que mejor ha sabido sobrevivir al paso del tiempo y acabar con la competencia por métodos muy cuestionables, ni mucho menos es la mejor y más pacífica de las que ha habido.