sábado, 21 de marzo de 2009

Cuando no se es capaz nunca de amar y desear a la misma persona

No soy una ferviente seguidora del psicoanálisis como terapia, lo admito, pero la verdad es que ha hecho algunas aportaciones teóricas vitales para la psicología. Veamos, de forma un tanto simplificada para no alargar el artículo ni entrar en profundidades psicoanalíticas, cómo explica (a mi humilde entender de forma muy interesante y psicológicamente lógica) la disociación entre “esposo/a y amante” que se produce en la vida de algunas personas, que sienten que necesitan tener en su vida continuamente dos tipos de relaciones disociadas, con diferentes personas: amor y sexo.
(Aclaro que no todas las infidelidades se deben a esta causa que voy a exponer , solamente trataré de explicar brevemente una teoría sobre las personas que no son capaces de amar y desear a la misma persona.)

El amor, para el psicoanálisis, se separa en dos tendencias que podemos diferenciar como la corriente tierna del amor y la corriente sensual o pasional. Freud pensaba que la reunión de estas dos corrientes en una sola, es lo que asegura una conducta amorosa «normal», sin embargo, hay personas que necesitan separarlas por algún motivo, y tener una pareja estable y un/una amante. La pareja estable tiende a fomentar el cuidado y respeto del amado, y el/la amante sexual hace que la persona se libere sexualmente y lleve a cabo conductas eróticas que no realiza con su esposa o esposo. ¿Por qué sucede esto?

Empecemos por el principio, por la formación del vínculo amoroso. El amor tierno, puro, proviene de la infancia. En esta corriente tierna se ponen en juego (según Freud) intereses eróticos. Todo esto tiene que ver con la elección que hace todo niño/a de un sujeto al que amará primeramente, que suele ser la madre o padre. La ternura de ésta contribuye a acrecentar la corriente tierna del amor.

Pero al llegar a la pubertad, en el que se despierta la otra corriente del amor: la poderosa corriente sensual, que se une al amor tierno para elegir a un sujeto a quien amar. Para que el/la adolescente pueda llegar a elegir una novia/o, debe dar un paso importante: ser capaz de dirigir su ternura y pasión a este nuevo sujeto con quien pueda cumplir una real vida sexual, sin quedar fijado en sus sentimientos de ternura a los padres. La persona divide a las mujeres o a los hombre en dos tipos en su inconsciente: esposo/a- padre/madre y amante sexual.

Se considera entonces que la persona que siente necesidad constantemente de un/una amante, lo hace porque no ha sido capaz de conjugar estos dos tipos de amor: el materno y el erótico. Les resulta imposible amar tiernamente y desear con ardor y pasión a la misma persona (lo que sería psicológicamente sano), pues lo consideran poco menos que un incesto, recordemos que asocian el amor tierno a la madre o padre. La vida amorosa de estos sujetos queda dividida en un amor celestial y un amor terrenal. La dificultad de estas personas es que cuando aman, no desean, y cuando desean, no pueden amar. Si un sujeto les despierta ternura, no excitará su sensualidad, sino un cariño casi incompatible con el sexo. Respeta a su mujer/marido y solo desarrolla su potencia sexual cuando está frente a una mujer/ hombre degradada/o: su amante, una prostituta, un gigoló…

Muchas veces, se vería en la pareja formal, en estos casos, la figura paterna o materna, lo que infunde un respeto casi reverencial, y hace que no se pueda concebir llevar a la práctica un sexo libre y pasional con la pareja/progenitor, y sí con alguien ajeno, a quien se desea pero no se respeta igual ni se tiene en la misma consideración, sería una persona a la que, de alguna forma, se utiliza para realizar fantasías y pasiones, pero con la que en muchos casos no se tendría una relación formal.

La base de una madurez emocional y sexual, sin embargo, está precisamente en lo contrario, en unir ambas corrientes. Un indicio de esta madurez sería, entonces, el hecho de considerar a la pareja como amante sexual y a la vez objeto de tierno cariño y respeto, lo que sucede de forma natural en la mayoría de las relaciones sanas.

Si, por el contrario, la persona disocia siempre en sus relaciones ambos sentimientos, creo que sería necesario buscar consejo o ayuda profesional para no tener que vivir en la continua separación de emociones y afectos que provoca esta situación.

1 comentario:

Efraím Díaz dijo...

Esta entrada es muy interesante y se merece mas comentarios¡¡¡¡¡¡
jejejeje,

Me has aclarado muchas cosas.

Un besito.