viernes, 3 de abril de 2009

Los lastres del pasado

El duelo ocurre tras cualquier clase de pérdida física o emocional (por separación, distanciamiento, muerte...) de algo que consideramos fundamental en nuestra vida: una pareja, un familiar, un amigo/a, el trabajo de nuestra vida, nuestra identidad (por ejemplo, durante el paso a la adolescencia, se pierde la identidad y el rol de niño/a y la seguridad que proporcionaban los padres en la infancia)...
El duelo más intenso, lógicamente,es aquel que se produce tras perder a alguien querido por fallecimiento.
No es un sentimiento único y definible, es una sucesión de sentimientos (rabia, tristeza, desesperación, dolor profundo, culpabilidad...) que precisan de cierto tiempo para ser superados, no siendo posible el acortar este período de tiempo. Cada ser humano lo vive de una manera diferente, pero cuando excede de un tiempo que los profesionales estiman en uno o dos años, y el dolor sigue incapacitando para la vida diaria, es preciso consultar a un experto.


Esto viene a que el otro día estuve hablando con una querida amiga, también psicóloga, que acaba de aventurarse en estos tiempos que corren a abrir un gabinete de psicopedagogía en Vigo.
Y hablando de lo nuestro, que es de lo que más hablamos, me contó que, charlando con una colega, ésta le había comentado que estimaba que sobre el 80% de las personas que acudían a su consulta, acarreaban un duelo mal elaborado. No solamente referido el duelo a una muerte,si no a un divorcio, separación o pérdida importante.

Éste proceso mal asimilado provoca muchas veces, toda una serie de síntomas psicológicos (depresiones, dolores crónicos, ataques de pánico...) que es necesario, con el paso del tiempo, resolver en la consulta de un/a profesional, y que al final revelan su origen en esta pérdida mal asumida. Y fijaos qué cantidad de gente debe cargar con semejante peso, según la estimación de esta profesional... Mucho más de la mitad de sus pacientes.

Esto me dio que pensar.
Qué poco acostumbrados/as estamos a asumir el sufrimiento y a dejarle formar parte de nuestra vida en lugar de tratar de negarlo y eliminarlo rápidamente. Los golpes de la vida hay que enfrentarlos, tratar de comprender por qué y cómo ocurrieron hasta asimilarlos, y luego dejar que la vida siga y que se vaya curando el dolor.
Si hace falta recordar en algún momento el dolor, se debe recordar, si hace falta enfrentarse a él una y otra vez, hagámoslo, hasta que comprendamos su por qué y su para qué (el sentido que le queramos dar), si es necesario hablarlo con alguien, hablémoslo. El sufrimiento es parte de la vida, hay sucesos muy dañinos, pero no hay nada que una persona equilibrada y serena, que entienda que la vida tiene sentido y trascendencia, no pueda superar.

Qué importante es aprender a aceptar y a integrar en nuestra vida los golpes y sufrimientos que nos llegan, como una parte más de la misma.
Y aprender con ellos a vivir de una nueva forma, reorganizando nuestra mente y removiendo, limpiando y reconstruyendo nuestros sentimientos, para no dejar escombros en nuestro inconsciente que nos hagan llevar un lastre que hará nuestra vida más pesada y dolorosa.


Siempre hay una nueva forma de vivir más allá del sufrimiento, por mucho daño que hayamos sentido. Siempre se pueden limpiar las emociones y pensamientos para volver a empezar, convirtiendo el dolor en un recuerdo que ya no hace daño y el pesimismo en esperanza.

7 comentarios:

Efraím Díaz dijo...

Muy util la entrada, la verdad es que no se sabe mucho de esto y tampoco se habla.
Además esto unido al miedo que hay en nuestra sociedad a la muerte, y su mal entendimiento, hace que lo que tratas en este articulo sea algo muy esclarecedor de un tema sobre el que hay que indagar ya que nadie esta libre de disgustos en su vida....

Un beso.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo, el duelo hay que atravesarlo, sufrirlo, digerirlo, y superarlo.
No sirve de nada ignorar todos esos sentimientos que conlleva, porque acabarán acumulando el malestar y explotando en el momento menos esperado.

Lo más duro quizás es el tiempo, tan lento en ese momento, que nos consume. El momento de dolor, el de rabia y rechazo, y después el de asunción.

Nada fácil, sin duda.

Y para los que están alrededor, tampoco es fácil, posiblemente lo mejor que pueden hacer es eso, estar "ahí", escuchar, y hablar con naturalidad del tema sin convertirlo en un tabú.

Un bico

Nuria

Marta dijo...

Sí que es muy duro, sobre todo los primeros momentos, y la verdad es que da la sensación de que es un dolor tan grande que nunca se va a acabar.
Yo tambien creo que lo mejor es hablarlo, airearlo, y nunca esconderlo o ignorarlo y pretender que no ha pasado nada.
Y cuando pasa el tiempo vemos que sí que acaba el dolor, y que la vida sigue.

Nuria dijo...

Cada persona enfrenta el duelo de una manera y necesita su tiempo, sólo hay que saber adaptarse a ello para ayudar (y no es nada fácil), pero tienes razón Marta, lo peor siempre son los primeros momentos.

Un bico

Nuria dijo...

Si os parece bien, enlazaré vuestro blog en la lista de los míos, para seguiros a menudo.

Mabel dijo...

Tal vez si desde niños vivieramos la muerte como un viaje, sin desprendernos del vínculo de amor con la presona que parte, otro gallo nos cantaría...la distancia solo se da, en la medida que cerramos nuestros corazones...

Marta dijo...

Hola Nuria, nos parece muy bien, gracias.
Nosotros ya te hemos añadido, nos ha gustado tu blog.
Saludos!