viernes, 28 de agosto de 2009

De anécdotas cotidianas se pueden sacar enseñanzas

Me pregunto seriamente si muchas personas no estaremos la mayoría del tiempo demasiado preocupadas por lo nuestro y ajenas por completo a las necesidades, afectos o preferencias de quienes nos rodean.
Ayer entramos en la cafetería para el descanso del trabajo, y eché un ojo muy rápidamente alrededor antes de sentarme para ver si había periódicos libres, porque me gusta mucho leerlos mientras tomo algo. No había; dos estaban leyéndolos dos personas en la barra y otro un anciano en una mesa, al lado de la que nos íbamos a sentar. Este vistazo no me llevó ni 2 segundos, y ni os podría decir cómo era el señor anciano, ni si me diéseis 50 euros sabría deciros qué ropa llevaba o si llevaba gafas.
Pero él a mí sí me debió ver y entender, porque, nada más sentarnos, dobló el periódico y me lo ofreció con una sonrisa. Y me quedé francamente sorprendida, porque no había dicho nada al respecto en voz alta a mis compañeros ni había mirado con nada de detenimiento hacia ese periódico. No me explico cómo pudo saber que lo quería leer. Se lo agradecí al cogerlo, pero le estaba agradeciendo más la sonrisa y el gesto amable que el periódico, aunque no creo que lo supiera. Bueno, aunque a lo mejor sí lo supo. Si fue capaz de darse cuenta de que buscaba la prensa y dármela, estoy segura de que es capaz de percatarse de otras muchas cosas que las personas que vamos con prisas y a veces muy a lo nuestro no percibimos. Y nosotros/as nos lo perdemos.

3 comentarios:

Nuria dijo...

Posiblemente ese anciano, tiene un ritmo diferente al nuestro, más relajado, y pasa mucho rato sentado allí, leyendo y observando tranquilamente. Y le basta un pequeño gesto inadvertido para darse suenta de tua entrada en la cafetería, como muchos otros días.

A lo mejor es la primera vez que tú reparas en él pero ¿quien te dice que al revés no es así?

;-)

Un bico

Marta dijo...

Sí que hay personas con un ritmo más relajado, más serenas, y da gusto encontrarse con ellas por la vida.
Gracias por tu comentario, y biquiños galegos.
:-)

Efraím Díaz dijo...

Lo dificil es conseguir observar aún teniendo un ritmo de vida que no sea pausado.

Muchas veces ese ritmo es realmente autoimpuesto.

Un beso.