lunes, 5 de octubre de 2009

¿Conocemos las causas de la pobreza en el mundo?

Es loable que haya personas que quieran contribuír a que se acabe la pobreza en el tercer mundo mediante limosnas o inscribiéndose en ONGs.
Es algo digno de admirar, pero si se busca así la forma de acabar con la pobreza, es algo parecido a poner una tirita en una hemorragia de la arteria femoral para pararla. Sirve de poco. O de nada.

Las familias del tercer mundo no necesitan que les regalemos un quilo de patatas (aunque seguro que lo agradecen, y mucho). Necesitan que las potencias del primer mundo no les robemos sus tierras para cultivar patatas y luego les vendamos un saco de patatas, y además caras. O usemos las tierras para hacer un hotel de lujo y delimitemos una playa privada para turistas y luego pongamos una verja de metal para que no entren los pobres a pedir y no se les vea, que da mala imagen (esto pasa por ejemplo en sudamérica).

No necesitan tampoco que les demos el 0,7 %, necesitan que no les permitamos a sus gobernantes y empresas endeudarse hasta el infinito con otros países y luego hacer que los trabajadores/as de clase media o baja asuman las deudas de todo un país (más bien de los ricos/as de ese país).

No necesitan que les demos empleo en la fábrica local de Coca- Cola o Repsol, necesitan encontrar la motivación y el apoyo para empezar a fundar cooperativas y empresas nacionales para crear riqueza y empleo desde dentro, y para dentro, para su propio país.

Si queremos acabar con la pobreza mundial, hay que cambiar una serie de ideas preconcebidas que tenemos sobre su origen y las causas de que se mantenga.
Y luego actuar (todos/as, los países ricos y los pobres) en consecuencia.
Se hará, supongo, cuando el actual modelo económico ya no de más de sí, y ya no haya más que chupar de los países del tercer mundo.

Pero quizás se podría hacer antes si nos diésemos cuenta de que hace falta un gran cambio en la concepción de la pobreza, y actuaciones en consecuencia. Haría falta una gran presión social en masa a los gobiernos para hacerles ver que se quiere (de verdad) un cambio, un mundo más igual, con ricos menos ricos y un mejor reparto de recursos. O mejor aún, sin ricos/as, solo con clase media, así todos/as tendríamos lo necesario para vivir y nadie tendría que vivir ni morir sumido en la miseria para que un empresario ruso tuviera un yate grande como toda una urbanización. Nadie se merece ni una cosa ni la otra. Ni morir de hambre ni tener semejante yate.

Desde mi punto de vista, resultaría más efectivo unirse para hacer presión intensa y continua sobre los Gobiernos en este sentido (desde blogs, webs, asociaciones...), tanto por parte del mundo rico, como de los países pobres, que apadrinar a un niño/a.

Y vaya por delante que es loable y maravilloso, de verdad, apadrinar niños/as, dar limosnas, y estar apuntados/as en ONGs. Pero creo que así no se va a conseguir un cambio rápido y radical, y eso es lo que hace falta para que no muera más gente de hambre. No murea más gente de hambre. Una frase que se ha repetido tanto que casi no se ve el (horrible ) significado real que tiene.

Marta

Un buen análisis de las causas de pobreza en el mundo en http://www.eumed.net/cursecon/colaboraciones/Keckeissen-pobreza-A.htm

3 comentarios:

Efraím Díaz dijo...

Marta, me identifico 100% con lo que dices, si los dejáramos en paz ya ganarían mucho y si además de dejarlos en paz les facilitáramos explotar su propio pais, creo que gran parte del problema estaría resuelto.

Un beso.

Marta dijo...

Estoy segura de eso.
Primero los países ricos deben dejar de invadir a los pobre mediante guerras inventadas y gobiernos títere(en África y Sudamérica está a la orden del día el presidente/a servidor fiel de un país rico) para explotar en beneficio propio su gas, su petróleo, sus diamantes, su carbón, sus tierras.
Lo demás vendría después solo, y sería más sencillo todo.

Efraím Díaz dijo...

Cuanta razón tenemos Marta, cuanta razón , ojalá alquien nos hiciera caso...