lunes, 9 de noviembre de 2009

El suicidio y otros males del alma

En España en el año 2007 fallecieron en accidentes de tráfico 2.700 personas. Y se suicidaron 3.200.
Pero del suicidio no se habla. No se dedica presupuesto a prevenirlo o a detectarlo. No se comenta que un/a familiar se ha quitado la vida.
En general, a las enfermedades y trastornos mentales no se les dedica la atención ni social ni informativa que merecen por sus consecuencias. Ni se educa en salud mental, ni se intenta prevenir, ni se habla de ello. Informativamente, no existen más que en casos aislados. Pero no es cierto.
Por lo común, los trastornos psicológicos se suelen considerar algo privado, que tiene que solucionar uno/a mismo/a en la soledad de su hogar. Está permitido socialmente decir mientras tomas el té con amigos/as o conocidos/as que tienes gripe, reuma, gastroenteritis o asma, pero no digas que tienes depresión, trastorno bipolar o trastorno obsesivo compulsivo, porque la gente pensará que las alteraciones psicológicas, si las tienes, es porque quieres, porque eres débil o porque te falta un tornillo, y hasta es posible que ya no te inviten más a tomar café.
Las enfermedades psicológicas pueden tener una causa tan corporal como la gripe, pues pueden estar causadas o influídas por alteraciones químicas, genéticas o endocrinas. O pueden ser una reacción a un golpe de la vida, o también pueden darse porque simplemente no conocemos o no sabemos usar alguna estrategia de manejo de emociones y pensamientos que nos ayudaría a superar algo que nos causa malestar a nosotros/as o a los/as demás, y que nos puede llevar a querer acabar con nuestra vida. Y la gran mayoría de trastornos del alma que nos afectan son pasajeros, y son susceptibles de desaparecer por completo o de mejorar casi hasta la curación en el caso de que sean crónicos. Pero hay que querer sanar. Y la sociedad debe querer y buscar que sanen.
Sea como sea, deberemos en el futuro ir rompiendo tabús, y dándonos cuenta de que hay mucha gente a nuestro lado que sufre, que sufre mucho y en silencio, y que quizás necesite nuestra ayuda, o la de un/a profesional para superar un mal bache o un hábito de pensamiento, conducta o sentimiento que les tortura y no les deja vivir. Quizá solo necesitan sentirse más comprendidos/as y apoyados/as por el mundo, y ver que pedir ayuda psicológica es algo sano y bien visto, igual que ir al dermatólogo.
Seguramente una persona con un problema psicológico se sentirá reconfortada cuando, tomando un café con amigos, cuente que tienen trastorno obsesivo compulsivo, y uno de ellos le recomiende a una psicóloga muy buena, la misma que ayudó a su hermana a superar la depresión al morir su hijo, y le ayudó a él a superar la ansiedad que pasó cuando tuvo que cambiar de trabajo y de ciudad. Luego quizás bromeen con lo de su trastorno compulsivo, y él mismo hará alguna gracia con su manía irrefrenable de pisar las baldosas solamente de dos en dos para andar por la calle, porque si no algo malo le ocurrirá, lo que le causa un sufrimiento constante, cada minuto del día (es un ejemplo de trastorno obsesivo compulsivo). Más tarde, cuando vuelva a casa, llamará a la psicóloga y concertará una cita, lo que probablemente sea el principio de una mejora en su salud mental. A lo mejor dentro de un año, es él, ya sin su TOC, quien le recomienda a una amiga, en el mismo bar, pedir ayuda para superar su obsesión enfermiza con adelgazar, porque esas cosas se curan si uno quiere y busca ayuda. Y le contará, riéndose, que él mismo, hace un año, sentía un deseo irrefrenable por pisar de dos en dos las baldosas...
Así, algo tan sencillo y tan etéreo como el apoyo social, puede ayudar a las personas a no sentirse bichos raros ni leprosos sociales solo por padecer algún trastorno psicológico pasajero. Y eso ya es mejorar mucho las cosas. Y hay que ponerse a ello cuento antes.
Porque según las estadísticas, hay más probabilidades de morir por suicidio en España, que en accidente de tráfico. Y eso es mucho decir.

6 comentarios:

Sergio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nuria dijo...

Son enfermedades difíciles de diagnosticar y tratar, y poco reconocidas socialmente.

La anécdota de las baldosas me recuerda a una película de Jack Nicholson...no recuerdo el título,...

Bicos

Efraím Díaz dijo...

No conocía esas cifras y la verdad si que son alarmantes, pero por desgracia para los gobiernos hay otras prioridades que se alejan del lado humano. Cuanta necesidad hay de más profesionales en educación emocional, creo que la educación debería avanzar un poco en ese sentido.

A cuantos un profesor/a no has hablado alguna vez de enfrentarse a un problema, y como afrontarlo?

OS dejo algunas cifras de suicidios en jóvenes:

Para el año 2006, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó que la tasa de suicidio global era de 16.0 por 100,000 (en nuestro país es menor a 9 por 100,000) y estimaba que, aproximadamente, en el mundo hay 1 muerte por suicidio cada 40 segundos y un intento de suicidio cada 3 segundos.
La OMS calcula que por cada muerte autoinflingida se producen entre 10 y 20 intentos fallidos de suicidio, que se traducen en lesiones, hospitalizaciones y traumas emocionales y mentales. Pero cuando se analizan ambos fenómenos por grupos de edad la estimación llega a ser hasta 1:200 en adolescentes y jóvenes (OMS, 2002; OPS 2006).

Creo que como bien dice Marta se debería de hacer un esfuerzo en educar a las personas también emocionalmente, pero, que lo hagan profesionales, no empresarios o publicistas, como alguna vez nos hemos encontrado por algún curso...


Muy buena entrada Marta.

Marta dijo...

Gracias a los tres por vuestros comentarios.
Efectivamente, son poco conocidas y poco tratadas, no se dedica desde las instituciones ni mucho menos la cantidad de medios que serían necesarios para mejorar la vida psicológica de los ciudadanos.
Y cuando se tratan, estaos trastornos se tratan con medicamentos. Una patilla y a casa. Cuando lo realmente útil, duradero, y económico para el paciente a largo plazo es realizar terapia, relajación, aprender técnicas para afrontar el estrés...


En cuanto al suicidio, yo estoy segura de que mucha gente se lo ha pensado alguna vez, aunque solamente fuera durante un segundo. Nos sorprendería la cantidad de gente que se lo ha pensado, y hay que hacer algo con eso.

Pero en este sentido, aún queda mucho por andar. Poco a poco, espero que ésto vaya cambiando, igual que han cambiado otras cosas importantes.

Un saludo!

Marta dijo...

Por cierto, Nuria, la película es "Mejor imposible" :-) y es un ejemplo bueno de Trastorno obsesivo compulsivo.
Otros ejemplos pueden ser una mujer que casi nunca se siente limpia, empleando diariamente dos horas en ducharse, o la obsesión conocida como Diógenes, de las personas por guardar todo lo que encuentran.
Otras compulsiones típicas son: realizar comprobaciones una y otra vez (por ejemplo, asegurar que ha cerrado la puerta con llave); acciones repetitivas, como tocar ciertos objetos; contar; mantener todo en orden, por color o tamaño. Los individuos con TOC pueden desarrollar depresión, sentir ansiedad, malestar y repugnancia, es un tarstorno bastante común pero poco reconocido y menos tratado de lo que sería conveniente.

Mabel dijo...

Secundo totalmente tus palabras Marta y agradezco enormemente esta entrada pues estamos en un tiempo donde cada vez hace más falta, sacar hierro hasta al propio hierro y las enfermedades del alma necesitan cada vez más luz para su curación.Y una forma de luz es la palabra, que es lo que nos hace sacar lo que llevamos dentro, en las profundidades del Ser(ya no del ser personal e intrasferible sino del ser Social, Universal, Colectivo...)tenemos que romper más lanzas en favor de ello y sabes que estoy siempre por esa labor(aunque aveces nos cueste enfrentarnos a tremendas resistencias personales y no personales)pero no queda otra que ir rompiendo muros...Besitos,guapa!