viernes, 4 de diciembre de 2009

Dambisa Moyo, la nueva voz de África

Dambisa Moyo es de Zambia, es economista, y estudió en Oxford y Harvard, y ha llegado a una conclusión (que se defiende en este blog también): África no necesita ayudas, necesita que dejen de enviarles dinero para salir adelante.
Su argumento principal es que jamás un país ha logrado salir de la pobreza gracias a ayuda económica externa.

Para ella, el mejor modo para que África pueda salir de su situación de subdesarrollo es por medio de los flujos internacionales de inversión y no de los programas de ayuda. En ningún caso mediante la ayuda internacional.

Según sus palabras, en su libro "Dead Aid" (Ayuda improductiva):

“La situación actual es ésta: han pasado sesenta años, se ha otorgado más de un billón de dólares a África en concepto de ayuda, pero no hay nada bueno que mostrar. Si la ayuda sólo fuera inofensiva (esto es, limitarse a no conseguir lo que pretende conseguir), este libro no habría sido escrito nunca. Ahora bien, el problema radica en que la ayuda no es provechosa, sino dañina. Ya ha dejado de formar parte de la solución posible, ahora forma parte del problema; en realidad, la ayuda es el problema”.

Dambisa Moyo ha decidido hacer la guerra a la política actual, muy practicada y excesivamente alabada, que considera que la ayuda constituye una condición previa de cualquier iniciativa de desarrollo.
El mantenimiento de estas ayudas inútiles podría reponder a intereses propios del primer mundo, como el hecho de que la ayuda está intrínsecamente relacionada con el mantenimiento de todo el personal responsable de la cooperación, a saber, el Banco Mundial (10.000 empleados) y el Fondo Monetario Internacional (2.500), al que según Moyo habría que añadir unas cinco mil personas de agencias de las Naciones Unidas y al menos otras veinticinco mil que trabajan en ONG, organismos de beneficencia y todos los expertos de instituciones gubernamentales de ayuda. “En total, cerca de 500.000 personas; la población de Suazilandia”. A lo cual añade, “Su salario depende de esta ayuda, al igual que el de los funcionarios que la reciben”. La economista va aún más lejos y ataca esa lógica del miedo de las entidades donantes que temen que si no pueden financiar sus programas, los países pobres tampoco podrán satisfacer sus deudas a los países donantes: “Esta lógica circular permite precisamente que la ayuda perpetúe su tejemaneje”.

Un ejemplo de la poca utilidad de las ayudas: entre 1970 y 1998, período durante el cual la ayuda al desarrollo fue más intensa, la pobreza aumentó de un 11 a un 66 por ciento.

También Dambisa critica la postura de cantantes y artistas famosos como Bono, de U2, que no dejan de pedir ayudas para África, cuando a su entender, ésto es lo que está sumiendo al continente en la miseria. Y que éstos famosos/as se proclamen defensores de un continente que desconocen, poniéndole cara a su lucha, mientras en occidente casi nadie sepa qué rostro tienen los gobernantes africanos.

Supongo que este punto de vista es demasiado chocante para la sociedad y muy contrario al sistema como para que cuaje ahora mismo, quizás dentro de unos años volveremos a escuchar hablar de ésto y ya será el momento de llevarlo a cabo.

2 comentarios:

Efraím Díaz dijo...

Un buen libro para pasar estas navidades, a pesar de tener otro pendientes de leer.

Siempre supuse que tanta "ayuda" no era gratuita.

Leeré el libro y luego os cuento.

Gracias Marta. Besitos.

Marta dijo...

Es que cuando un problema lleva tanto tiempo con los mismos intentos de solucionarlo, y no se consigue nada, y además la situación empeora, quizás sea el momento de cambiar la forma de arreglarlo. Y habrá que escuchar a quienes tienen el problema, no ofrecerles una ayuda que creemos que es la mejor sin pararnos a preguntar a quienes mejor saben del tema.

Tan sencillo como eso.