lunes, 14 de junio de 2010

Perder a alguien querido

Creo que ya hablé en una ocasion del comentario que una psicóloga clínica le hizo a una amiga mía, que había descubierto que aproximadamente el 70 u 80% de las consultas que atendía (depresiones, ansiedad, fobias, conductas disfuncionales, trastornos de comportamiento...) tenían en su base un duelo no resuelto o mal elaborado.
Un duelo es un período de dolor y sufrimiento, que puede ir acompañado de otros múltiples síntomas diferentes según la persona (insomnio, nervios, falta de apetito, llanto incontrolado, introversión...), que sucede tras perder a alguien o algo importante. No solamente se da cuando una persona haya muerto, si no porque de una u otra forma, ha salido de nuestra vida de forma más o menos repentina (divorcio, lejanía, ruptura...).
Nos referimos a este trastorno si el sufrimiento se mantiene igual o incluso aumenta y ya han pasado más 6 meses . En caso de que el sufrimiento y demás sentimientos asociados disminuya pero nos siga haciendo la vida complicada y le dediquemos demasiados pensamientos y ya hayan transcurrido más de dos años, también nos encontraríamos con un duelo mal resuelto. También nos podemos fijar en si los sentimientos nos impiden retomar nuestra vida habitual (laboral, sentimental, social...) para poder hablar de duelo patológico.
¿Y qué se puede hacer cuando nos encontramos con una pérdida importante en la vida?
La verdad es que es difícil aconsejar con normas concretas, porque cada persona vive las pérdidas de una forma personal y única, y yo incluso diría que una misma persona vive cada pérdida en su vida de forma diferente. Lo que sí parece claro para todos los expertos/as es que es muy conveniente que se facilite la expresión de toda la pena que provoque la pérdida. Esta expresión puede ser muy distinta en unas personas y en otras, hay quien necesita reaccionar de una forma histérica, mientras que otros/as se deahogan mediante un llanto silencioso en solitario, y a otros/as les alivia hablar sobre la persona perdida.
Yo creo que es bueno preguntar abiertamente a la persona qué prefiere y ofrecérselo: soledad o compañía, charla o silencio, llorar o ir a divertirse... Hay quien prefiere guardar intactas las pertenencias del difunto y en cambio otras personas tiran todos sus objetos personales ya que no soportan su presencia. Ambas posturas deben ser respetadas, pero ni es bueno vivir rodeado/a de recuerdos para recrearse en ellos a diario, ni deshacerse de todo por completo, ya que con el tiempo puede agradecerse el haber guardado algún objeto para recordar a la persona cuando la angustia ya nos permita hacerlo con cariño y sin sufrimiento ni rencor.

En definitiva, la mente humana tiene recursos suficientes como para superar una situación tan traumática como la pérdida de un ser querido. Es bueno y saludable haber podido sentir toda la pena que el suceso provoca, llorar todo lo que se necesite, y dejar fluír el dolor cuando haga falta, para luego poder seguir adelante poco a poco.
Se sabe que cuando la mente se ha visto saturada de la exposición a un estímulo (en este caso el dolor intenso asociado a alguien concreto) su reacción normal es ir rebajando la intensidad del sentimiento que produce el estímulo. Ésto es algo biológico. Por lo tanto,yo diría que es sano pasarse unos días o semanas recordando, reelaborando la relación que teníamos con la persona, dándole vueltas a las cosas, llorando o sintiendo pena, ya que luego la mente debería reaccionar con una disminución progresiva del sufrimiento (siempre que no lo alimentemos inecesariamente). Debemos permitirnos pensar y sentir en estos primeros momentos todo cuanto necesitemos sobre la persona fallecida o con la que hemos roto la relación.
No se debe intentar maquillar el dolor rápidamente o negarlo, porque eso nos llevará a cargar quizás durante toda la vida con un duelo sin elaborar (por ejemplo dejar una relación y empezar inmediatamente otra provoca que se solapen los sentimientos, y que se haga más complejo y largo el proceso de recuperación, aunque parezca lo contrario). Y tampoco alargarlo más allá de lo necesario, lo que dificultaría el transcurso natural de la vida (siguiendo con el ejemplo, evitar establecer una relación nueva pasados años de una ruptura por miedo a que vuelva a fracasar).
Como dicen Elisabeth Kübler-Ross y David Kessler en su libro “Sobre el duelo y el dolor”: ….lo peor que puedes hacer es impedirte a ti mismo desahogarte. Las lágrimas no lloradas se encargan de hacer más profundo el pozo de la tristeza…. Llora todo lo que debas. Ya parará solo. Si lloras hasta la última lágrima te sentirás aliviado….

1 comentario:

Efraím Díaz dijo...

Cuanta educación emocional hace falta... pero no interesa, no.