viernes, 2 de julio de 2010

Las células inmortales de Henrietta Lacks

Leí un artículo sobre este tema la semana pasada en una revista, y la verdad es que me ha parecido digno de contároslo en el blog, así que voy a ello.

Henrietta Lacks fue una mujer afroamericana, era agricultora de tabaco y pertenecía una familia pobre de Virginia. Fue madre de 5 hijos.
En 1951 le diagnosticaron cáncer de cérvix, y la sometieron a radioterapia tras extraerle células cancerígenas del tumor para examinarlas.
Aunque recibía tratamiento y transfusiones de sangre, murió el 4 de octubre de 1951 a los 31 años. Una autopsia posterior mostró que el cáncer había sufrido metástasis a otras partes del cuerpo. Henrietta Lacks fue sepultada sin lápida en un cementerio familiar en Lackstown. El sitio exacto de la sepultura no se conoce.


Y es tras su muerte cuando esta mujer cobra un protagonismo histórico y que afecta de forma indirecta a toda la humanidad.


Las células de esta mujer son únicas, y ni las de sus descendientes poseen la característica que las convierte en un auténtico tesoro para la investigación. El caso es el siguiente: cuando se extraen células del cuerpo humano éstas comienzan a morir lenta e inexorablemente, normalmente antes de que lleguen a completar cincuenta divisiones. Las células no pueden sobrevivir sin el soporte vital que proporciona el cuerpo y tampoco pueden prolongarse artificialmente porque envejecen —y por tanto de un modo u otro mueren al poco tiempo de permanecer en tubos de ensayo. Las de Henrietta no siguieron, ni siguen, este procedimiento natural. Las suyas continuaban vivas y reproduciéndose indefinidamente dentro del tubo de ensayo. De hecho, todavía hoy lo siguen haciendo.


La historia transcurrió así: Las células del tumor de Henrietta fueron dadas al investigador George Otto Gey, que descubrió estudiándolas que hacían algo que el nunca había visto: se mantenían vivas y crecían. Nadie sabe como, pero las ćelulas nunca murieron. No solo se reproducían y ejercían todas sus funciones, sino que además, ni siquiera envejecían. Gey nombró a la muestra "HeLa" por las letras iniciales del nombre de Henrietta Lacks. Éstas fueron las primeras células humanas que podían desarrollarse en un laboratorio y que eran "inmortales" (no morían después de algunas divisiones celulares), y podían emplearse para desarrollar multitud de experimentos médicos y biológicos.Por primera vez en la historia, se había conseguido mantener en cultivo continuo un tejido tumoral humano, la primera línea celular inmortal.


En tan solo tres años, las células HeLa ya se producían en masa y se distribuían gratuitamente a laboratorios de todo el mundo. Las células de Henrietta fueron las primeras células inmortales que crecieron en un cultivo. Doblaban su número cada día. Podían ser estudiadas sin que se debilitaran y murieran. Fueron esenciales para el desarrollo de la vacuna de la polio, y para desarrollar terapias génicas y medicamentos para tratar enfermedades como la enfermedad de Parkinson y la leucemia. Acompañaron a las primeras misiones espaciales para ver que le pasaría a las células en gravedad cero. Muchas áreas científicas han usado sus células, incluido la clonación, identificación de genes, fertilización in vitro, investigaciones sobre cáncer y SIDA, efectos de las radiociones sobre las células...


Los científicos/as han producido más de 20 toneladas de células de HeLa, aunque aún no han descubierto por qué son inmortales. Hay más de 11,000 patentes que involucran las células HeLa.
Hoy en día, no hay un banco de tejidos donde no se almacenen viales congelados con la inscripción HeLa o un laboratorio de cultivos donde la herencia inmortal de Henrietta no ocupe algún frasco en el incubador. Quien no las emplea para estudiar el cáncer o la fisiología celular, las utiliza como línea de control por su facilidad de cultivo y su docilidad de manejo.


Rebecca Skloot publicó un libro en 2010 "The Immortal Life of Henrietta Lacks" (La Vida Inmortal de Henrietta Lacks) en el que profundiza en esta increíble historia. Skloot también ha creado la Fundación Henrietta Lacks, una organización sin ánimo de lucro a la cual dona una parte de los beneficios de su libro. La misión de dicha fundación es proporcionar ayuda para pagar un seguro médico a los descendientes de Lacks, que no han recibido ni un dólar de los beneficios multimillonarios que han generado las células de su abuela, así como para financiar con becas a los afroamericanos que quieran estudiar alguna carrera relacionada con la ciencia en general o con la medicina en concreto.

3 comentarios:

Efraím Díaz dijo...

Esto es cultura general... pero yo no lo sabía, gracias por compartirlo.

Mabel dijo...

Interesantísimo!!
Gracias Martiña por compartirlo!
Besotes y hasta prontito
Mabe

Marta dijo...

Sí que es intereante la historia, yo tuve que leer dos veces algunas frases cuando lo leí por primera vez, porque me parecía increíble...

Besos!